Cuando el Campo Socialista se desarticuló y cayó la Unión Soviética, recibió un gran impulso una etapa de la historia universal destinada a construir un Imperio Global, donde las identidades basada en las naciones, las culturas, las estructuras familiares tradicionales, el patriotismo y las creencias religiosas, serían superadas, diluidas, desintegradas, para ser sustituidas por unos nuevos esquemas de relaciones.
Lenin sentenció que el Imperialismo era la fase superior del capitalismo, y en el mismo sentido, he sostenido que el Globalismo es la fase superior del imperialismo, y este estaría fundado en 4 pilares: Mercados con cadenas de suministró integradas a escala planetaria; el Multilateralismo moldeado por el poder blando de EEUU, líder de Occidente; el Multiculturalismo a partir del desplazamiento de cientos de millones de personas; y el Trashumanismo, asociado a las poderosas y disruptivas tecnologías de la 4ta Revolución Industrial, capaces de recrear a voluntad la condición humana.
En ese proceso, que ya había empezado a esbozarse a mediados de los 80, los estados nacionales, basados en la formación e integración de ciudadanos con identidades históricas y culturales, estaban llamados a ser suplantados por los que Loretta Napoleoni llamó los Estados Mercados, cimentados en consumidores sujetos a la influencia del “mundo líquido”, y especializados en ciertas actividades planificadas y decididas por fuerzas transnacionales, en un ingente ejercicio de conectografia planetaria de redes y nodos. Estos, a su vez, podían llegar a entreverarse o encubrir el desarrollo de prácticas canallas del entonces poderoso Imperio emergente del Crimen Organizado Transnacional.
Es en ese proceso, donde la región Gran Caribe-que actualmente EEUU recuerda ahora que es su zona prioritaria de seguridad, clave para preservarse a futuro como gran potencia-, es penetrada y capturada en forma agresiva por las alianzas de sus rivales extracontinentales, de toda la tradición anti gringa y del Crimen Organizado Transnacional, y paradójicamente, de poderosos actores de los mismos EEUU comprometidos en el proyecto globalista.
En el caso específico de la República Dominicana, se determinó desde centros de poder y organismos internacionales, que debía convertirse en el Estado Pivote o Tapón y zona de Amortiguamiento de Haití, estado fallido- y lo que es peor descartado- con sus crisis interminables, a la vez que se avanzaba hacia la constitución de facto del esperpentico Estado Mercado Insular Binacional.
El premio envenenado de ese compromiso distopico , asumido en las alturas y de espalda a las naciones, sería no solo recibir fees por esa gestión-además de muchos apaños y reconocimientos, y un trato de visado preferencial- , sino la promesa de que avanzando hacia la integración para el comercio y la inversión-con la contrapartida del traslado masivo de población haitiana laboral hacia la parte oriental-, la alianza empresarial insular pasaría a ser hegemónica en la ambicionada Isla de 25 millones, que facilitaría esquemas reforzados de capitalismo sálvaje, brutalmente estractivo de rentas.
Uno de los argumentos felones para lograr esos amarres estratégicos antinacionales, era que solo así podíamos estar en condiciones para enfrentar el temido proceso de apertura de Cuba.
La historia de más de 30 años nos muestra que ese esquema insular es tan fallido como Haití, y que tiene el potencial de desestabilizar la isla y la región. La administración Trump con su agenda panamericana, nos está permitiendo una ventana de oportunidad para salirnos de la trampa, pero las clases dirigentes de RD no la están aprovechando, porque los qué nos metieron en esa encerrona letal, no saben, no pueden o no quieren salirse de ella, presionados tanto por sus aliados haitiano, norteamericanos y europeos, como por el Crimen Organizado Transnacional. Tal vez solo esperan que Trump y su agenda sean derrotados. Están jugando a la Ruleta Haitiana, mucha más peligrosa que la Ruleta Rusa.

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