
El pasado domingo en mi programa La Respuesta planteaba lo que se señala como título de la entrega de hoy de La Pregunta. Prometí detenerme más en el tema y en eso estoy hoy, amables lectores.
Admito que para muchos en el mundo el comportamiento de Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos, es tosco y hosco; pero reclamo que para otros muchos, entre los cuales me incluyo, esa franqueza es encantadora, cuando no fascinante.
¿Por qué puedo yo ir en ésto tan abiertamente contracorriente? Por una razón muy válida y es que también me domina un pensamiento desde hace muchos años de un notable escritor del mundo, Albert Camus, que afirmara: «No llamar a las cosas por su nombre agrava el mal en el mundo».
En efecto, me he atrincherado, por así decirlo, en esa convicción de que para los pueblos nada resulta más venenoso y letal que la inteligencia y la cultura sobrada de los gobernantes, cuando estas condiciones están lastradas por la astucia y la malicia. Bolívar lo dijo: “El talento sin probidad es un azote”.
Mi atención se fijó intensamente en el drama personal de ese hombre a partir del año ´20 y confieso que me apasioné íntimamente en su defensa desde este modesto lugar en que me encuentro. Trump: fue víctima de abusos inenarrables y gran parte de la agresividad que se utilizó para hacerlo descansaba sobre ese desprecio generalizado de que era un “truhán”, un “charlatán”, “ineducado”, “ignorante”, “que no calificaba” para seguir representando desde el puente de mando como Presidente al Estado Nación más poderoso del mundo que fuera Estados Unidos de Norteamérica.”
Seguí el curso de los eventos del año ´20 y hubo algunos ingredientes conmovedores en la defensa que hicieran sus valerosos amigos de ese enorme árbol caído. Rudy Guiliani, al cual comencé a admirar y a respetar desde su paso como Fiscal Antimafia y Alcalde de New York y su arriesgada lucha contra el Crimen Organizado y sus secuelas desordenadas en New York, hizo los mejores esfuerzos por ejercer la defensa en favor de su amigo en desgracia y llegué incluso a escribir en este blog de La Pregunta algunas de mis consideraciones admirativas a favor de ese ejemplar ciudadano.
Por ejemplo, en fecha 20 de enero de 2021, apareció una entrega bajo el título “Giuliani, un Fiscal de raza”, que vale la pena releerla porque en ella la figura de Giuliani se eleva a la categoría que le otorga el título, pues probó en forma contundente el dolo generalizado que había maleado las elecciones del año ´20.
Desde entonces, pues, me sentí un militante defensor a distancia de aquel presidente en desgracia, que no sólo se pretendió llevar a un Impeachment cuando ejercía la presidencia en su fase final, sino que luego siguió siendo agredido y asediado por múltiples acusaciones, tanto de índole penal como civil, que estaban destinadas a destruirle para siempre, cosa ésta que resultó un fracaso para quienes impulsaron las ignominias que llegaron hasta el veredicto de “culpable”, dado por un jurado amaestrado y que, por fortuna, la Corte Suprema contuviera con su desenlace de penalidad e ingreso en la cárcel degradante.
El pueblo norteamericano se levantó a votar en el ´24 y dio un manotazo en la mesa de la historia mediante un resultado electoral abrumadoramente favorable a aquel hombre tan vejado y desacreditado por las pasiones y los intereses más poderosos del mundo.
Fue así como se produjo el regreso a la Casa Blanca de este extraordinario ser humano que durante toda esa Ordalía se comportó con una serenidad inmensa y en su campaña electoral bajo ese fuego de acusaciones no se apartó de su determinación en sostener su “American First”, bajo palio de su convencimiento de que tenía una misión que cumplir de rescatar a su pueblo de todo el proceso degenerativo en que lo habían sumido las prácticas políticas de los gobiernos precedentes y sometido a las vergüenzas de sus derrotas en las Guerras como pruebas de su ineludible decadencia.
Donald Trump es, pues, un fenómeno a explicar bajo un examen distinto al ordinario y vulgar del insulto y el desprecio. Ha arremetido, muy bien acompañado, contra falencias inenarrables y le ha ido presentando a la consideración del mundo un rostro de los Estados Unidos diferente al que lograron moldear los cultos y hábiles gobernantes, especial y señaladamente en aquella prueba que pareció fenomenal de “pedir perdón al mundo” por los daños que le había hecho su pueblo, en un mensaje dirigido al mundo islámico por el expresidente Barack Hussein Obama desde el Cairo. La malhadada Primavera, que lejos de florecer en la paz y la armonía, trajo tantos sufrimientos y tormentos.
Todo lo que se ha desprendido de esa tormenta Trump, que yo llamo misionera, se reduce a la exposición en forma fluida y corriente, accesible y directa, por este ser humano que desde su Twitter y sus expresiones lo que hace es decir lo que siente y cree. Y esto se ha fatalizado. Es decir hablar sin repliegues y grises intenciones, al tiempo que lucha por la Paz del Mundo en todos los frentes. Ésto, después de la escombrera de la insensatez sanguinaria de tantas guerras.
No es, pues, un error ni un desvarío considerar encantadora la franqueza de Donald Trump, sino por el contrario, se debe entender que la misma, pese a parecer una muestra de ingenuidad y tremendismo inquietantes, “llama las cosas por sus nombres” y a los pueblos les habla sobre las durezas y los peligros de su realidad, sin remilgos ni acrobacias. Sin temor a la burla y el desprecio de sus críticos.
Pues bien, volviendo a mi programa La Respuesta, debo decir que utilicé algunos argumentos para probar cuánto acierto con mis afirmaciones: La situación de Lula Da Silva como Presidente de Brasil y las pugnas arancelarias; el juicio de Bolsonaro como eje de un conflicto mayor que puede ascender a nivel de impuestos, si no se desestima y archiva la acusación y se toma como parámetro favorable la altísima votación obtenida en su intento de reelección, como una especie de expresión de parte del pueblo brasileño.
Realmente, la respuesta del Presidente Lula Da Silva fue correcta, como la de la señora Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, lo ha sido siempre, advirtiendo: “Mucho cuidado Presidente Trump. Somos pueblos independientes y no admitimos intromisión extranjera.” A esta última de México se le ha hecho ahora la exigencia de un denuedo mayor y más intenso en la lucha contra los Carteles de la Droga. Trump responde con ímpetu y en forma abierta y directa; habla de utilizar su arma, el arancel, como ariete.
El análisis de esos comportamientos es complejo, pero yo me inclino por favorecer la ventaja de la franqueza; no las sinuosidades y sombras de las elucubraciones astutas de los silencios de otros que prefieren la disimulación de sus objetivos y conspiran y azuzan los peores riesgos mientras los pueblos permanecen inocentes.
Ahora bien, hubo un caso que yo debo tratar para ser verdaderamente consecuente con lo prometido en La Respuesta, porque se refiere en forma plena a nuestro interés nacional: La cuestión relativa a saber cuál habrá de ser la determinación de Donald Trump ante la peligrosa situación engendrada en el Caribe por el colapso trágico de una República que fuera la primera en el mundo en liberarse de la esclavitud: Haití.
Debo decir que asumí el tema en ocasión precisamente de una de las burlas que se han hecho contra Trump, la de considerarse nueva vez ignorante porque en ocasión de la visita de 5 Jefes de Estado de África, los mandatarios de Liberia, Senegal, Mauritania, Guinea-Bissau y Gabón, le preguntó al Presidente Joseph Boakai, de la República de Liberia, “dónde había adquirido ese inglés tan perfecto y hermoso”, mereciendo una respuesta que al parecer de los burladores probaba la ignorancia del “torpe presidente”: “En Liberia, Señor Presidente”.
Ellos dedujeron: “Trump ignora que la Republica de Liberia fue una creación de ellos, Estados Unidos de Norteamérica, el 7 de enero de 1822”.
Yo entonces quise burlarme de los burladores en mi programa La Respuesta y les pregunté: ¿No creen ustedes que puede haber un metamensaje en esa pregunta tan cándida del Presidente norteamericano al Presidente de Liberia, Joseph Boakai? ¿No les llamó la atención que los otros 4 tuvieron que valerse de intérpretes y que en la propia Liberia hay 30 lenguas nativas?
Me sentía confiado y debí preguntarles a los burladores: ¿Acaso Trump tiene en mente alguna iniciativa en África distinta a la que asumiera Barack Hussein Obama apoyando al Consejo de Seguridad en aquella extraña iniciativa de una Legión Extranjera bajo dirección militar y policial de Kenia?
Yo debo reclamar siempre un hecho que he contado muchas veces en la propia Pregunta, cuando ese expresidente norteamericano brillantísimo en Lima, Perú, en la última Cumbre de Presidentes de su período, luego de su discurso se dirigió a la Delegación Diplomática Haitiana para mandar un mensaje: “Díganle al pueblo haitiano que yo he cumplido lo prometido”.
Bueno, se me dirá: “Pero la fecha de la creación de la Legión Extranjera bajo control de Kenia también fue seguida por el interés de ésta, que avisó con gran júbilo que otros 4 Estados más de África enviarían ejércitos para poder eliminar las Pandillas Criminales de Haití y que se ha llegado a decir en la euforia que el proyecto era tan plausible que era conveniente considerar Haití como la Sexta Región de África.”
Como se verá, se han enredado las cosas y yo me he permitido recordar aquel famoso informe del año ´48 del pasado siglo de la ONU, cuando era verdaderamente ONU, les repito, no esta cueva de trampas de hoy, y que un grupo de expertos dijeron “que no era viable Haití, a menos que no se extrañaran familias completas a otras tierras, dada la aridez de su suelo, la ausencia del bosque y la densidad enorme de población insostenible.”
Ello me llevó a pedir, desde luego, consciente de que mi mensaje no será estimado en ningún caso, al Secretario de Estado Marcos Rubio, que pusiera a desempolvar a sus auxiliares lo que fue el expediente de la creación de la República de Liberia desde los tiempos de Madison, Jefferson, hasta el año 1821, cuando el Presidente James Monroe, el pionero de la expresión “América para los Americanos” la fundara y cuya capital se llamara Monrovia, en su honor. Era la Segunda República negra que se liberaba de la esclavitud después de Haití.
Desde luego, mi propuesta no era sólo para el elemento histórico, tan remoto, sino para determinar después del año ´48 del Siglo pasado, si se intentó y porqué fracasó la idea o el proyecto de utilizar a Liberia para darle cumplimiento al mandato de ONU basado en el Informe de referencia.
Ahora, en estos tiempos, ante un Donald Trump que es capaz de hablar de Groenlandia y de Canadá en las proporciones en que lo hiciera, no es descartable que podría surgir una propuesta, no sólo para Liberia, sino para algunas de la naciones de mayor territorio de América Latina, predominantemente Brasil, que es nuestro admirado mastodonte, en la demanda de recibir poblaciones de familias completas de haitianos, debidamente identificadas, para descongestionar la presión demográfica inmensa que está en la base de todo el desastre.
No quiero pensar en lo que le podría decir al Presidente de Francia, Emmanuel Macron, acerca de lo que ha podido pasar con la Guyana Francesa como perspectiva de tal cosa.
Incluso, podría ser capaz ese Trump de decir, sólo me lo imagino, que el mismo medio millón de haitianos que acaba ahora de someter a un tratamiento tan duro para extrañarlos de su territorio, podría ser revisado, siempre que se organizara esa parte de la población debidamente, con tal de que quedara en su territorio el Estado Nación de Haití, pero con una población razonablemente tolerable por su territorio, que tendría que ser sometido a procedimientos avanzados para aumentar la posibilidad de su feracidad.
Claro está, como cuestión previa: barridas las Pandillas, desalojadas las Mafias del Mundo que controlan todo, depurado el testaferrato de su empresariado y algún tipo de control internacional, sin llegar al Fideicomiso tan execrado, sino a una burocracia externa, en capacidad de organizar las instituciones y prepararlo para el desarrollo de un régimen democrático de derecho.
Debo precisar que lo anterior, como ésto, es un ejercicio mental que hago en medio de las turbulencias de este mundo de hoy; incluso, donde se están dando muestras como la de Francia y Nueva Caledonia, donde nacionalistas partidarios de la independencia y sus adversarios de guerra civil se han puesto de acuerdo para pasar a ser un Estado de Francia en el Pacífico.
Pero bien, llego a un punto en que debo concluir, aunque sacrifique las menciones de cosas más delicadas aún, como lo es la presencia de China y Rusia, sentadas a la mesa en el Caribe, en el vientre mismo del territorio de su gran nación y lo que pueda estar pensando su inusitado Presidente.
Mis preguntas: ¿Creen ustedes que estos ejercicios mentales en estos momentos son plausibles y pertinentes? ¿Piensan que es una pérdida de tiempo? ¿O, por el contrario, entienden que sirven para situarse en mejores condiciones para comprender cuanto ocurre y puede ocurrir?
Dios, como siempre, está al mando y eso me alegra.

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