Es una tontería creer que las opciones políticas deben aquilatarse en función de cuán joven o cuán viejas sean…asumiendo siempre que los jóvenes por serlo son sinónimo de idoneidad, competencia, valor, integridad, cambio.
Winston Churchill, Charles De Gaulle, Ronald Reagan, Golda Meir, Nelson Mandela, Deng Xiao Ping y Donald Trump son en cambio la prueba de que la edad es un plus en los tiempos difíciles… y que los viejos son capaces de ejecutar grandes transformaciones, o responden mejor a las citas de la historia.
Joaquín Balaguer, en RD y AL, probó que son otras condiciones las que determinan las posibilidades. Su mejor gobierno lo realizó “después que fracasaron las generaciones jóvenes y capaces”, pero su primer ascenso a la Presidencia, post dictadura, en 1966, fue para superar una profunda crisis nacional e internacional, y entonces no era un “joven promesa”, sino un actor curtido en los difíciles manejos del poder dentro de un régimen dictatorial, que acompañó con habilidad y prudencia desde sus inicios hasta su caída. Además, supo probar en cada momento que estaba dotado de excepcionales condiciones intelectuales y personales.
En estos tiempos de IA, donde prima una aceleración del tiempo histórico, proliferan los políticos artificiales, plásticos, virtuales, líquidos, fabricados con marketing, madurados con carburo…y escasean los estadistas: los actores políticos o ciudadanos, con conciencia histórica, sentido heroico, vocación de servicio y disposición al sacrificio, son un cuerpo extraño.
El joven Duarte y los Trinitarios son los más altos exponentes de lo que puede hacer la juventud cuando la Patria llama, cuando asumen “la política como la disciplina más alta y digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles”. Pero desde el presente, son muchos que pretenden desdeñarlos como idealistas, románticos, soñadores.
En realidad, en el presente, las poderosas tecno-estructuras locales y foráneas, las maquinarias electorales y los grandes inversores y titiriteros de la política, no quieren autenticidad, convicción, coraje, formación, ni mucho menos, autonomía, en los políticos sean jóvenes o viejos. Tampoco le requieren visión, experiencia y compromiso: solo encanto, imagen, poses efectistas…capacidad de entretenimiento, banalidad, gracia, ya que la competencia electoral tiene mucho de mascarada, o de lucha falsa o amañada en la conchupancia. Al mismo tiempo, si se espera de los actores políticos en posición de decidir buenas dosis de docilidad, complacencia, entreguismo, gatopardismo, cinismo…manejo de discursos light, elusivos, cantinflescos.
La realidad pura y dura es que son las exigencias cada coyuntura y proceso concreto- los signos de los tiempos-, las que determinan al final el perfil de la opción que se requiere… porqué las crisis jalan, y la historia sabe cómo gravitar en el presente de muchas maneras. El pasado nunca se va, solo tarda en volver… está en la memoria colectiva, o en el poderoso instinto de supervivencia de las naciones, cuando se desmadran los acontecimientos…
Aquí y ahora, estamos terminando un ciclo histórico de la vida nacional, que coincide con la conclusión de un periodo disruptivo en las relaciones panamericanas, a la vez que con la caída del proyecto globalista, dentro de un estrépito de guerras, conflictos y gran confusión…Son vientos de frondas.

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