De cafetales a asfalto, la extinción del hombre del campo dominicano Yo, Abimbaito, planto mi queja. Dejé a los Reyes Magos mi carta de deseos colgada en las ramas de una menguada mata de café, en las lomas de Villa Trina, otrora espléndida y luminosa por su riqueza cafetalera. La leyeron, derramaron una lágrima. Y nada más. Quizás se entristecieron porque en estos parajes ya casi…
