Es la Paz de Medio Oriente inalcanzable?  ¿Aquello es un laberinto conveniente o sólo un espejismo de la astucia?

Un título sobre la Paz, como algo inalcanzable allí, se corresponde con las circunstancias actuales; ello se advierte mejor cuando se citan, como es el caso, los brillantes discursos de Benjamín Nethanyahu, tanto ante la Reunión Conjunta del Congreso Norteamericano en fecha 24 de julio de 2024, como en Onu en fecha 27 de septiembre del mismo año. 

En ambos discursos la intención sólida del líder de Israel fue la de advertir sobre lo peligroso que resultaba Irán como factor desencadenante del Apocalipsis.  Esa fue una impronta dominante que gran parte del mundo aceptó como razonable.

Sin embargo, se ha visto al correr de trece meses que la situación mundial, lejos de despejarse de esa borrasca incesante se ha oscurecido más.  Esto, sobremanera, después del 22 de junio de 2025, cuando un Presidente norteamericano, Donald Trump, evidentemente convencido de la validez de esos pronósticos tan certeros de catástrofe, tuvo el coraje de adelantarse y produjo la espectacular “Operación Martillo de Media Noche”.

Con ello se entendió que ya Hezbolá, la organización terrorista más numerosa y armada, así como Hamas, ambas por ser vencidas como estaban, así lo aseguraba en su discurso el Primer Ministro israelí, el camino de la paz quedaba abierto plenamente.  Pero, no ha sido así. 

Ahora ha tomado cuerpo otra vertiente más complicada, cuando se afirma que hay que terminar de vencer a Hamas y ocupar la Franja de Gaza permanente y plenamente; incluso se ha planteado la posibilidad de dispersar al pueblo Palestino hacia otras Naciones, precisamente en el momento en que está muy recrecido el reconocimiento del Estado Palestino de parte de otras numerosas Naciones del mundo.

Ésto, naturalmente, ha complicado el tránsito por ese camino de luz, “la bendición” de que hablara el Premier israelí en Onu y, según parece, a lo que se aspira es a un triunfo militar definitivo que deje sin efecto cosas tan importantes como aquella que impulsara el Presidente Donald Trump: la formación del Grupo Abraham encabezado por Arabia Saudita, que han llegado a reconocer al Estado de Israel y que se han propuesto como posibles administradores y gestores de ese territorio de Gaza durante un tiempo que permita restablecer una normalidad funcional como Estado, ya reconocido plenamente, según los mejores propósitos.

Claro, debo echar por delante la convicción que he tenido desde siempre de que Israel para subsistir como Estado ha mantenido un cuidado enorme ante el odio del Terrorismo, muy parecido a aquel infernal holocausto de los nazi; algo que llevó a Irán a expresar hablando en términos patéticos que finalmente, una vez contara con el arma nuclear, Israel podría ser borrado del mapa en 24 horas. 

A ésto se debe sumar la barbarie del ataque del 7 de octubre de 2024 hecho por Hamas y el hecho de que existen túneles para el almacenamiento de armas y otros fines inconfesables, bajo esa franja sobre la cual se aspira refundar el progreso y la normalidad de un pueblo árabe codirigido después de esta experiencia terrible por otros pueblos árabes en forma temporal, hasta que se logren reducir o eliminar los rencores del Terrorismo.

Tal es el dilema actual.  La legítima defensa de Israel generada por la guerra que emprendiera Hamas con el ataque de octubre, tiende a desfigurarse y, de seguro, sus excesos van siendo rechazados por sectores que han sido solidarios con Israel, como es el caso de los propios norteamericanos, que bajo mando de Trump han dado pasos fuertes y concretos en favor de la paz, como tributo al sosiego mundial.

Todo lo que expongo me duele porque también he sentido alarma al apreciar los hechos y ésto no me alegra. Pero, la paz sigue siendo el más alto fin de la humanidad y no se debe bloquear el acceso a ella, ni convertir en un baile de puñales su discusión. 

Por ello es el título de esta entrega.  El mundo no puede seguir al borde de los abismos peores del Apocalipsis y las grandes Potencias tienen el deber de evitar que se les siga manteniendo como eventuales verdugos, sin antes intentar poner orden en este desorden interminable.

Y tienen como hacerlo si se imponen lealmente tal tarea: China, Rusia y Estados Unidos lo pueden lograr en estos momentos en que están al mando Xi Ping, Putin y Trump.  Sería una especie de  calco aproximado de lo que fuera aquel mecanismo “de los tres grandes”, Roosevelt, Stalin y Churchill, después de terminado el horror de la Segunda Guerra Mundial, reunidos en Yalta para hacer un esfuerzo de reorganización de fronteras y naciones.  Lo penoso es estar convencido de que no se sabe si después de pasar estos tres gobernantes tan notables sería factible alcanzarla, como ahora lo es.

Prometí al principio que transcribiría gran parte de los discursos memorables del Primer Ministro Nethanyahu en el Congreso Norteamericano y en Onu, y quiero cumplir tal promesa, porque sólo así se puede comprender mejor un estado de ánimo de desaliento y frustración, que no es necesariamente personal, pues ya están generalizándose la impaciencia y el desagrado por cuanto viene ocurriendo a los pueblos del mundo.

Veamos:

Texto completo del discurso del Primer Ministro Benjamin Netanyahu ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), el 27 de septiembre de 2024.

“Señor Presidente, damas y caballeros, no tenía intención de venir este año. Mi país está en guerra, luchando por su supervivencia.

Pero después de escuchar las mentiras y calumnias que muchos de los oradores en este podio lanzaron contra mi país, decidí venir aquí y aclarar las cosas. Decidí venir a hablar por mi pueblo.

Hablar por mi país, hablar con la verdad. Y esta es la verdad: Israel busca la paz. Israel anhela la paz. Israel ha logrado la paz y la logrará de nuevo. Sin embargo, nos enfrentamos a enemigos feroces que buscan nuestra aniquilación, y debemos defendernos de ellos.

Estos asesinos salvajes, nuestros enemigos, no solo buscan destruirnos, sino también destruir nuestra civilización común y devolvernos a todos a una era oscura de tiranía y terror. Cuando hablé aquí el año pasado, dije que nos enfrentamos a la misma decisión eterna que Moisés planteó al pueblo de Israel hace miles de años, cuando estábamos a punto de entrar en la Tierra Prometida. Moisés nos dijo que nuestras acciones determinarían si legamos a las generaciones futuras una bendición o una maldición.

Y esa es la disyuntiva que enfrentamos hoy: la maldición de la incesante agresión iraní o la bendición de una reconciliación histórica entre árabes y judíos. En los días posteriores a ese discurso, la bendición de la que hablé se hizo más evidente.

Un acuerdo de normalización entre Arabia Saudita e Israel parecía más cercano que nunca. Pero entonces llegó la maldición del 7 de octubre. Miles de terroristas de Hamás, respaldados por Irán, irrumpieron en Israel desde Gaza en camionetas y motocicletas, y cometieron atrocidades inimaginables. Asesinaron salvajemente a 1200 personas. Violaron y mutilaron a mujeres. Decapitaron a hombres. Quemaron vivos a bebés. Quemaron vivas a familias enteras: bebés, niños, padres, abuelos, en escenas que recordaban al Holocausto nazi.”

Hamás secuestró a 251 personas de decenas de países diferentes, arrastrándolas a las mazmorras de Gaza. Israel ha rescatado a 154 de estos rehenes, incluyendo 117 que regresaron con vida. Les aseguro que no descansaremos hasta que los rehenes restantes también regresen a casa, y algunos de sus familiares estén aquí con nosotros hoy. Les pido que se pongan de pie.

Con nosotros está Eli Shtivi, cuyo hijo Idan fue secuestrado en el festival de música Nova. Ese fue su crimen: un festival de música. Y estos monstruos asesinos se lo llevaron. Koby Samerano, cuyo hijo Jonathan fue asesinado, y su cadáver fue llevado a las mazmorras, a los túneles del terror de Gaza; un cadáver retenido como rehén.

Salem Alatrash, cuyo hermano Mohammad, un valiente soldado árabe israelí, fue asesinado. Su cuerpo también fue llevado a Gaza. Al igual que el de la hija de Ifat Haiman, Inbar, quien fue brutalmente asesinada en ese mismo festival de música.

Nos acompaña Sharon Sharabi, cuyo hermano Yossi fue asesinado, y quien reza por su hermano mayor Eli, quien aún permanece secuestrado en Gaza. Y también nos acompaña Yizhar Lifshitz, del kibutz Nir Oz, un kibutz arrasado por los terroristas.

Afortunadamente, logramos la liberación de su madre, Yocheved, pero su padre, Oded, aún se consume en el infierno terrorista clandestino de Hamás. Les prometo una vez más que devolveremos a sus seres queridos a casa. No escatimaremos esfuerzos hasta que esta sagrada misión se cumpla.

Guerra en siete frentes

Damas y caballeros, la maldición del 7 de octubre comenzó cuando Hamás invadió Israel desde Gaza, pero no terminó ahí. Israel pronto se vio obligado a defenderse en seis frentes de guerra más organizados por Irán.

El 8 de octubre, Hezbolá nos atacó desde el Líbano. Desde entonces, han disparado más de 8.000 cohetes contra nuestros pueblos y ciudades, contra nuestros civiles y contra nuestros niños. Dos semanas después, los hutíes en Yemen, respaldados por Irán, lanzaron drones y misiles contra Israel, el primero de 250 ataques de este tipo, incluyendo uno ayer dirigido a Tel Aviv. Las milicias chiíes iraníes en Siria e Irak también han atacado a Israel decenas de veces durante el último año.

Impulsados por Irán, terroristas palestinos en Judea y Samaria perpetraron numerosos atentados allí y en todo Israel. Y el pasado abril, por primera vez en la historia, Irán atacó directamente a Israel desde su propio territorio.

Nos están disparando 300 drones, misiles de crucero y misiles balísticos. Tengo un mensaje para los tiranos de Teherán: si nos atacan, los atacaremos. No hay lugar —ningún lugar en Irán— al que el largo brazo de Israel no pueda llegar. Y eso aplica a todo Oriente Medio.

Lejos de ser corderos llevados al matadero, los soldados israelíes han contraatacado con increíble valentía y heroico sacrificio. Y tengo otro mensaje para esta asamblea y para el mundo exterior: Estamos ganando.

Bendición o maldición

Damas y caballeros, mientras Israel se defiende de Irán en esta guerra de siete frentes, la línea que separa la bendición de la maldición es innegable. Este es el mapa que presenté el año pasado. Es el mapa de una bendición.

Muestra a Israel y sus socios árabes formando un puente terrestre que conecta Asia y Europa. Entre el océano Índico y el mar Mediterráneo, a través de este puente, tenderemos líneas ferroviarias, oleoductos y cables de fibra óptica, lo que beneficiará a 2.000 millones de personas.

Ahora miren este segundo mapa. Es el mapa de una maldición. Es el mapa de un arco de terror que Irán ha creado e impuesto desde el Océano Índico hasta el Mediterráneo. El arco maligno de Irán ha cerrado las vías fluviales internacionales.

Corta el comercio, destruye naciones desde dentro y causa miseria a millones. Por un lado, una bendición brillante: un futuro de esperanza. Por otro, un futuro oscuro de desesperación. Y si crees que este mapa oscuro es solo una maldición para Israel, piénsalo de nuevo.

Porque la agresión de Irán, si no se frena, pondrá en peligro a todos los países del Medio Oriente y a muchos, muchos países del resto del mundo, porque Irán pretende imponer su radicalismo mucho más allá de Medio Oriente.

Por eso financia redes terroristas en los cinco continentes. Por eso construye misiles balísticos para ojivas nucleares que amenazan al mundo entero. Durante demasiado tiempo, el mundo ha apaciguado a Irán. Ha ignorado su represión interna. Ha ignorado su agresión externa. Pues bien, ese apaciguamiento debe terminar. Y debe terminar ya.

Las naciones del mundo deberían apoyar al valiente pueblo iraní que desea librarse de este régimen perverso. Los gobiernos responsables no solo deberían apoyar a Israel para frenar la agresión iraní, sino también unirse a Israel. Deberían unirse a Israel para detener el programa de armas nucleares de Irán.

En este órgano y en el Consejo de Seguridad, tendremos una deliberación en unos meses. Y pido al Consejo de Seguridad que reactive las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU contra Irán, porque todos debemos hacer todo lo posible para garantizar que Irán nunca obtenga armas nucleares. Durante décadas, he advertido al mundo contra el programa nuclear iraní. Nuestras acciones retrasaron este programa quizás una década, pero no lo hemos detenido. Lo hemos retrasado, pero no lo hemos detenido. Irán ahora busca convertir su programa nuclear en armamento. Por el bien de la paz y la seguridad de todos sus países.

Por el bien de la paz y la seguridad del mundo entero, no debemos permitir que eso suceda. Y les aseguro que Israel hará todo lo posible para que no suceda.

Así pues, damas y caballeros, la pregunta que nos planteamos es sencilla: ¿Cuál de estos dos mapas que les mostré moldeará nuestro futuro? ¿Será la bendición de la paz y la prosperidad para Israel, nuestros socios árabes y el resto del mundo?

¿O será la maldición mediante la cual Irán y sus aliados siembran la carnicería y el caos por doquier? Israel ya ha tomado su decisión. Hemos decidido promover la bendición. Estamos construyendo una alianza para la paz con nuestros vecinos árabes mientras luchamos contra las fuerzas terroristas que amenazan esa paz.

Hamás tiene que irse

Durante casi un año, los valientes hombres y mujeres de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han aplastado sistemáticamente al ejército terrorista de Hamás que una vez gobernó Gaza. El 7 de octubre, el día de la invasión a Israel, ese ejército terrorista contaba con casi 40.000 terroristas. Estaba armado con más de 15.000 cohetes. Contaba con 560 kilómetros de túneles terroristas —una red subterránea más grande que el metro de Nueva York— que utilizaban para sembrar el caos tanto en la superficie como bajo tierra.

Un año después, las FDI han matado o capturado a más de la mitad de estos terroristas, han destruido más del 90% de su arsenal de cohetes y han eliminado los segmentos clave de su red de túneles terroristas.

En operaciones militares controladas, destruimos casi todos los batallones terroristas de Hamás: 23 de 24. Ahora, para completar nuestra victoria, nos centramos en eliminar las fuerzas de combate restantes de Hamás.

Estamos eliminando a altos mandos terroristas y destruyendo la infraestructura terrorista restante. Pero mientras tanto, nos mantenemos enfocados en nuestra misión sagrada: traer a nuestros rehenes a casa, y no nos detendremos hasta completarla.

Ahora bien, damas y caballeros, incluso con la capacidad militar enormemente disminuida de Hamás, los terroristas aún ejercen cierto poder de gobierno en Gaza robando los alimentos que permitimos que las agencias de ayuda traigan a Gaza.

Hamás roba la comida y luego sube los precios. Se alimentan a sí mismos y luego llenan sus arcas con el dinero que extorsionan a su propio pueblo. Venden la comida robada a precios exorbitantes, y así se mantienen en el poder. Bueno, esto también tiene que terminar, y estamos trabajando para que termine.

Y la razón es simple: si Hamás se mantiene en el poder, se reagrupará, se rearmará y atacará a Israel una y otra vez, como ha prometido. Así que Hamás tiene que irse.

Imagínense, para quienes dicen que Hamás debe quedarse, que tiene que ser parte de una Gaza posguerra. Imaginen, en una situación de posguerra tras la Segunda Guerra Mundial, permitir que los nazis derrotados en 1945 reconstruyeran Alemania. Es inconcebible. Es ridículo. No sucedió entonces y no sucederá ahora.

Por eso Israel rechazará cualquier papel de Hamás en una Gaza posguerra. No buscamos reasentar a Gaza. Lo que buscamos es una Gaza desmilitarizada y desradicalizada. Solo así podremos garantizar que esta ronda de combates sea la última.

Estamos dispuestos a trabajar con socios regionales y de otro tipo para apoyar una administración civil local en Gaza, comprometida con la coexistencia pacífica.”

Este discurso fue precedido por el otro ante la Reunión Conjunta del Congreso Norteamericano el 24 de julio de 2024, del cual hiciera un reportaje importante Le Monde al día siguiente y se transcribirán párrafos importantes en la segunda parte de esta entrega. Claro está, les recuerdo a mis amables lectores los otros dos discursos de las entregas precedentes, pronunciados en el año 1994 por Yitzhat Rabin y Yasser Arafat, que se reprodujeron bajo el título “Sus discursos proféticos como ramos de flores en sus tumbas lejanas – I y II”.

Esto, buscando favorecer una comprensión más cabal de cómo esa conflictividad tan trágica ha podido generar tantos sucesos dolorosos e inescrutables.

Paso a mi única pregunta:  ¿Creen ustedes válido y pertinente este esfuerzo de información y orientación que hago, a fin de aportar algún grado de comprensión mejor de cuanto está en la actualidad ofreciéndose como un horizonte sangriento y deplorable para la suerte del mundo?

Como siempre, espero en Dios que mis propósitos sean acogidos tan solo por la buena fe de intentarlo.  

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