El sistema político, partidario y electoral está viviendo una fase terminal, agónica….que podría terminar en un derrumbe catastrófico del Estado…y eliminar o menguar todas las conquistas valiosas de la nación en su devenir histórico.
Así como los árboles nos impiden ver el bosque, los escándalos de corrupción, nos impiden ver que tenemos más que casos, sistemas, estructuras y cultura de corrupción, propias de un Estado Débil que además está siendo sacrificado cruelmente desde hace tiempo dentro de un esquema de estado mercado insular insostenible, estado pivote y zona de amortiguamiento de la crisis de Haití Estado Fallido.
Insisto en que el liderazgo nacional, en general, no percibe que el techo de la República está agrietado y sus columnas debilitadas, que en cierta forma estamos viviendo en modo Jet Set, de negación, evasión, entretención, de día en día.
Los efectos perversos de ese desorden organizado y prolongado son diversos, pero los peores son difundir el sentimiento de impotencia de que no puede hacerse nada, porque “ todos somos corruptos”, o que solo con experiencias espectaculares “de juicio y castigo” se acabará la corrupción; o más aún, clamar con rabia por el advenimiento de un dictador vengador… o peor, conspirar o subvertir para que sobrevenga el caos y la violencia… o que solo cabe ponerse en fuga, aislarse .
Venimos, en cambio, abogándo por una transformación sustantiva aunque mucho más difícil: solo un poderoso movimiento nacional popular, que reavive el sentimiento patriótico, puede deshacer y superar el esquema degradado de relaciones de poder de una Finca con Pasaporte de unos pocos dueños y señores, acabar con la farsa de una democracia con grandes electores en la sombra, para dar paso a una Nueva República, con la transformación del plano profundo y decisivo de los valores, actitudes y creencias de los dominicanos. No es tarea fácil ya que millones carecen de una ciudadanía plena, de libertad auténtica, de prosperidad compartida basada en el trabajo y la producción, mientras son alienados, distraídos o embobados por las peores formas de manipulación social y mediática, o seducidos por los modelos de lucro fácil y consumo suntuoso y afrentoso, o atrapados en las tupidas redes del clientelismo y el asistencialismo.
Sin embargo, que nadie se engañe, esa Revolución Republicana, no vendrá con un mesías “arréglalo todo”, ni con un caudillo salvador providencial: sí la debería impulsar un núcleo decisivo, esclarecido, de vanguardia, ejemplaridad, sacrificio, responsabilidad… consistente a la vez que prudente, informado a la vez que arrojado, con la inteligencia necesaria para conciliar el ideal con la realidad, con comprensión de la historia y la geopolítica.
Esa Revolución Republicana vendrá de la mano de una revolución productiva, de un capitalismo popular, afincada en una agenda de libertad, que haga que haya más gente buscando crear riqueza, que concentrar rentas con sesgos extractivos o canallas.
Pero lo mas importante, ese movimiento llamado a superar el actual esquema que se derrumba, debe tener una fuerte vocación unificadora e integradora, a partir de la conciencia de la excepcional coyuntura histórica que vivimos: RD está en el vórtice de la tormenta perfecta, proveniente de la interacción de las crisis globales, continentales, regionales e insulares, que rompen con fuerza en el gran Caribe, y que nos impactan de muchas formas.
Una Nueva República para salvar la Nación de Duarte, Sánchez y Mella, solo será posible si el pueblo dominicano es convocado y movilizado a defender por todos los medios sus derechos inalienables y su propia existencia. Ha sido y Es el gran actor que se levanta en los momentos supremos, cuando claudican o vacilan sus representantes, o cuando las capacidades de estos son desbordadas por la magnitud o complejidad de los peligros y amenazas que se ciernen sobre su existencia nacional.

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